Qué acaba rompiendo una lama
El PVC se reblandece con el calor y, en fachadas que reciben el sol de la tarde, las lamas acaban combándose o abriéndose por los bordes. El viento que pilla una persiana a medio bajar las golpea contra la guía, y forzar un paño atascado raja las que hacen de bisagra con la lama vecina.
Otras veces es un golpe puntual: una maceta, una escalera apoyada o una pelota. También vemos lamas rajadas en persianas que se dejan caer soltando la cinta, porque el paño llega abajo con todo su peso. Sea cual sea la causa, antes de cambiar nada comprobamos que las guías y el eje estén bien, porque una lama nueva en una guía torcida vuelve a romperse.
PVC o aluminio con aislante
En los pisos manda el PVC: pesa poco y resiste bien el uso diario. El aluminio de las persianas actuales viene relleno de espuma aislante, lo que le da más cuerpo frente al sol y los golpes a cambio de algo más de peso. Lo lógico es reponer cada paño con su mismo material: PVC donde había PVC y aluminio donde había aluminio.
¿Y cambiar de material? Se puede, aunque primero medimos el cajón: la lama de aluminio suele tener más grosor, la persiana enrollada engorda y hay cajones donde sencillamente no entra. Si más adelante piensas en motorizarla, ese peso añadido también cuenta al elegir el motor.
Cómo se cambia una lama
Las lamas van unidas por su perfil, igual que los eslabones de una bisagra larga, y para separarlas se hacen correr hacia un lado. Para llegar a las dañadas bajamos el paño, lo sacamos de la guía o del cajón lo justo y reemplazamos solo las que están rotas; el resto no se toca.
Con las lamas nuevas en su sitio, comprobamos que el paño corre por las guías sin engancharse y que se enrolla recto en el eje. Una lama mal encajada se delata al subir, así que probamos la persiana varias veces antes de dar el trabajo por acabado. Si hemos tenido que quitar o añadir alguna lama en una persiana con motor, reajustamos los finales de carrera para que siga parando en su sitio.
Lama final y topes
Abajo del todo va una pieza distinta: la lama final, más robusta, que golpea contra el alféizar cada vez que la persiana cierra. Sobre ella se fijan los topes, unos tacos que detienen la subida e impiden que el paño se cuele en el cajón. Cuando se raja o pierde un tope, la persiana cierra mal o se va hacia dentro.
Montamos una lama final equivalente y le ponemos topes nuevos, bien situados. Si al revisar vemos que muchas lamas del paño se han vuelto quebradizas, te lo diremos: en ese caso compensa un paño completo, conservando eje, guías y cajón.



